La
vestimenta de las mujeres se reducía a faldas, camisas
y vestidos. Las telas se traían de Europa: “capas y
capotes de terciopelo, chalecos, sombreros, medias de
seda, o algodón, telas de gasa, sarasa, ponteví, tafetán,
seda, brocado, bayeta y encajes de Flandes”, figuran en
las anotaciones del comerciante José Gregorio Aráoz,
citado en el trabajo de Peña de Bascary. El ajuar se
completaba con guantes, peinetones, pañuelos y mantillas.
El negro era el color con el que se iba a misa. Los eventos
religiosos constituían la principal salida de las mujeres de
esa época. Los rebozos (capas y mantos para cubrirse el
rostro y los hombros) eran una tradición heredada de
España.
y vestidos. Las telas se traían de Europa: “capas y
capotes de terciopelo, chalecos, sombreros, medias de
seda, o algodón, telas de gasa, sarasa, ponteví, tafetán,
seda, brocado, bayeta y encajes de Flandes”, figuran en
las anotaciones del comerciante José Gregorio Aráoz,
citado en el trabajo de Peña de Bascary. El ajuar se
completaba con guantes, peinetones, pañuelos y mantillas.
El negro era el color con el que se iba a misa. Los eventos
religiosos constituían la principal salida de las mujeres de
esa época. Los rebozos (capas y mantos para cubrirse el
rostro y los hombros) eran una tradición heredada de
España.
Los varones usaban pantalones ajustados, calzas, chalecos
de seda, levitas y fracs. Zapatos con hebillas de oro,
medias de seda o algodón, sombrero de pelo.

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